viernes, 25 de abril de 2014

La muerte de Nacho, mirado desde Aladrén...




En Aladrén se ve poca gente. El pueblo se situó entre cerros y escogió uno para construir sus casas por allá por 1495. las partes más planas las dejaron para el cultivo de viñas, en pequeñas parcelas que arremeten contra los alzamientos rocosos que ellos llaman cerros. En este tiempo las parras están desnudas y sólo se ven sus troncos retorcidos. Son la base del buen pasar de este lugar, el vino no debe faltar en ninguna parte. Si ya lo sabremos nosotros. En el resto de esta región se ve más clara la mentada crisis. Aquí entre las callejuelas intrincadas con nombres cuyo origen se perdió en medio de los siglos, como calle del Val, la omnipresente calle Mayor y una Plaza España que evoca las lejanas autoridades, estoy pasando un aniversario más de la partida del Nacho. Como es fácil estar solo y mirar las nubes, veo sus ojos azules interrogándome. Porqué, si él ponía todo de su parte, con su mansedumbre, que no otro gesto posible, reconocía que provocaba miedo con sus crisis, que aceptando todo volvería a casa. No conocía un lugar mejor que su casa y nosotros. Incluso si le llevaba fotos del recordado hogar detectaba los cambios más nimios, como cuadros, muebles movidos o lo que fuera. Perdía la esperanza a menudo y se tendía a esperar nada. Entonces, dentro de las escasas visitas aparecía alguien nuevo, o su madre se iba temprano para estar todo el día con él, y lo volvíamos a tener con su sonrisa y su resistencia al sistema manicomial que lo rodeaba. Regla constante era estar atado. Incluso pedía ser amarrado al terminar la visita para poder estar en orden y optar a su salida. Atado pasó la noche del 27 de febrero, atado estaba también cuando recibió la cucharada estúpida que le dio muerte, atado a su cama murió en el Hospital San José.

Ese día la Queli se preparó para acompañarlo hasta el último momento y le permitieron estar al lado de su lecho. Tengo en mi cabeza, y la tendré mucho tiempo, la frase tranquila y entera de la Queli cuando me llamó:"Víctor, el Nachito falleció".
Acá es invierno, el pueblo se ve vacío pero se juntan algunos en el bar y hablan de una nueva acometida contra los jabalíes.
La soledad se presenta seguido en este villorrio de 60 casas, veinte personas y 4 perros.
Dicen que el verano es distinto.